Cultivos

Judía Verde

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Familia: Fabaceae                    Nombre científico: Phaseolus vulgaris L.                  Orígen: América

Planta: Anual, de rápida vegetación.

Sistema radicular: Es muy ligero y poco profundo y esta conformado por una raíz principal y gran número de raíces secundarias con elevado número de ramificaciones.

Tallo principal: Es herbáceo. En variedades enanas tiene un porte erguido y una altura de 30 a 40 cm; en judías de enrame alcanza una altura de 2 a 3 m., siendo vulnerable y dextrógiro (se enrolla alrededor de un soporte o tutor en sentido contrario a las agujas de un reloj).

Hoja: Sencilla, lanceolada y acumida, de tamaño variable según la variedad.

Flor: Puede tener distintos colores, únicos para cada variedad. Se presetan en racimos en número de 4 a 8, cuyos pedúnculos nacen en las axilas de las hojas o en las terminales de algunos tallos.

Fruto: Legumbre de color, forma y dimensiones variables, en cuyo interior se disponen de 4 a 6 semillas. Existen frutos de color verde, amarillo jaspeado de marrón o rojo sobre verde, etc.. En estado avanzado, las paredes de la vaina o cáscara se refuerzan por tejidos fibrosos.

Es planta de clima húmedo y suave, dando las mejores producciones en climas cálidos. La humedad relativa óptima del aire en el invernadero durante la primer fase del cultivo es del 60 - 65%, y posteriormente oscila entre el 65 - 75%. Humedades relativamente muy elevadas favorecen la aparición de enfermedades aéreas y dificultan la fecundación. Es importante mantener sin excesivas oscilaciones de humedad.

Es una planta de día corto, aunque en las condiciones de invernadero no le afecta la duración del día. No obstante, la luminosidad condiciona la fotosíntesis, soportando temperaturas más elevadas cuanto mayor es la luminosidad, siempre que la humedad relativa sea la adecuada.

Admite una amplia gama de suelos, los más indicados son los ligeros, de textura silíceo-limosa, con buen drenaje y ricos en materia orgánica. Los valores de pH óptimos oscilan entre 6 y 7.5; aunque en terrenos enarenados se desarrolla bien con valores de hasta 8.5. Es una de las especies más sensible a la salinidad tanto del suelo como del agua, sufriendo grandes mermas en las cosechas.

La judía es muy exigente en riegos en lo que se refiere a frecuencia, volumen y momento oportuno del riego que van a depender del estado fenológico de la planta así como del ambiente en que ésta crece.

Los fertilizantes más empleados son los abonos simples en forma de sólidos solubles y en forma líquida, ya que permiten un fácil ajuste de la solución nutritiva, aunque en el mercado existen abonos complejos sólidos cristalinos y líquidos que se ajustan adecuadamente, solos o combinados con los abonos simples, a los equilibrios requeridos en las distintas fases del desarrollo del cultivo.

El aporte de microelementos resulta vital para una nutrición adecuada, pudiendosé aplicar tanto en forma sólida como líquida en forma mineral y en forma de quelatos para así favorecer su estabilidad en el medio de cultivo y su absorción por la planta.

También se dispone de una amplia gama de correctores de carencias tando de macro como de micronutrientes que pueden aplicarse por vía foliar o por riego por goteo, aminoácidos preventivos y curativo, que ayudan a la planta en los momentos críticos de su desarrollo o bajo condiciones meteorológicas adversas, así como otros productos (ácidos húmicos y fúlvicos, correctores salinos, etc.) que mejoran las condiciones del medio y facilitan la asímilación de nutrientes por la planta.