Cultivos

Cerezo

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Familia: Rosáceas                     Género: Prunus.                 Especie: Prunus avium.      

Orígen: Sureste de Europa y Oeste de Asia.      

Porte: Árbol caducifolio, su corteza es lisa, anillada y de color marrón rojizo. Presenta problemas de conducción debido a la dominancia apical (ramifica muy poco).

Hojas: Son simples, ovado-oblongas, acuminadas, de 7.5 - 12.5 cm. de longitud y 3.5 - 5 cm. de altura, fasciculadas en el extremo de cortas remillas. Margen irregularmente aserrado. Pecíolo de 4 - 5 cm. de longitud, con 2 - 3 glándulas rojizas cerca del limbo. Al caer las hojas adquieren una tonalidad rojizo-anaranjada.

Flores: Son blancas de 2 - 3 cm. de diámetro que aparecen antes o al tiempo que las hojas. Tienen cinco sépalos, cinco pétalos blancos obovados, numeros estambres y pistilo lampiño; se agrupan en hacecillos sentados, a la manera de umbelas, en número de 2 - 6, rodeados en la base por una corona de brácteas y llevan cabillos muy largos (2 - 5 cm).

Fruto: Drupa de color rojo negruzco, globosas o con figura de corazón, su hueso es globoso, casi liso.

Órganos fructíferos: Ramos mixtos, chifonas y ramilletes de mayo que presentan varias yemas florales y una vegetiva, por lo que la poda debe encaminarse hacia su producción.

El cerezo tiene una gran capacidad de adaptación a distintas área edafoclimáticas de la zona templada. Se trata de una especie muy delicada en cuanto a climatología, aunque tolerante al frío. Para su cultivo son preferibles suelos con buen drenaje, ligeramente calizos, con necesidad de exposiciones con buena iluminación y aireación, laderas suaves de montaña y secanos frescos.

Es uno de los frutales menos exigentes en fertilizantes, durante la época de formación se abonará a base de nitrógeno, fósforo y potasio en forma equilibrada, y a partir de la entrada en fructificación, se aumentará la dosis de fósforo y potasio y se reducirá la de nitrógeno. Los fertilizantes fosfatados y potásicos se aplicarán a la caída de la hoja y los nitrogenadas antes de la entrada en vegetación.

Las clorosis férricas son frecuentes en suelos calizos, por lo que en dichas condiciones es más que aconsejable la utilización de quelatos de hierro. También son frecuentes las deficiencias de manganeso y zinc. El aporte de calcio es frecuente para evitar problemas de agrietamiento, ya que reduce la absorción de agua.